REFLUJO GASTROESOFÁGICO Y ENFERMEDAD RESPIRATORIA
Pacientes y Familias · NeumoPed / MedIA
El reflujo gastroesofágico ocurre cuando parte del contenido del estómago regresa hacia el esófago. En muchos bebés forma parte del desarrollo normal. Cuando causa síntomas importantes, afecta la alimentación o el crecimiento, lesiona el esófago o se relaciona con complicaciones, hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
1. ¿Qué es el reflujo gastroesofágico?
Entre el esófago y el estómago existe una zona muscular llamada esfínter esofágico inferior, que normalmente ayuda a evitar que el contenido gástrico regrese hacia arriba.
En los lactantes este mecanismo todavía está madurando. Además, pasan mucho tiempo acostados, reciben una alimentación principalmente líquida y toman volúmenes relativamente grandes en relación con el tamaño de su estómago. Por eso el reflujo es especialmente frecuente durante los primeros meses de vida.
2. ¿Cuándo se considera fisiológico?
Hablamos de reflujo fisiológico cuando el contenido gástrico sube ocasionalmente hacia el esófago, pero el bebé:
- se alimenta adecuadamente;
- aumenta de peso y talla;
- está generalmente confortable;
- no presenta problemas respiratorios importantes;
- no tiene sangrado digestivo;
- no presenta dificultad significativa para alimentarse;
- no desarrolla complicaciones.
La regurgitación es muy frecuente durante los primeros meses y generalmente disminuye conforme el niño permanece más tiempo sentado, empieza a comer alimentos sólidos y madura el aparato digestivo. La mayoría mejora notablemente durante el primer año de vida.
3. ¿Cuándo hablamos de reflujo patológico?
Se considera enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) cuando el reflujo causa síntomas repetidos que son molestos o produce complicaciones.
Debe considerarse especialmente cuando existe:
- dificultad para alimentarse;
- rechazo del alimento;
- mala ganancia de peso;
- dolor o irritabilidad importante relacionada con la alimentación;
- esofagitis;
- dificultad para tragar;
- vómitos persistentes;
- síntomas respiratorios recurrentes en los que se investiga una posible relación con reflujo o aspiración.
4. No todos los bebés con reflujo vomitan o regurgitan
Aunque la regurgitación es el signo más conocido del reflujo, no todos los niños con síntomas compatibles presentan vómito o alimento visible en la boca.
Parte del contenido puede subir por el esófago y regresar nuevamente al estómago sin exteriorizarse.
Este punto es importante porque algunos bebés pueden pasar semanas o meses antes de que se considere el reflujo dentro del diagnóstico diferencial.
Sin embargo, síntomas como llanto, tos, irritabilidad o alteraciones del sueño son muy inespecíficos y pueden deberse a muchas otras enfermedades. Por sí solos no confirman ERGE.
5. Manifestaciones que pueden hacer sospecharlo
Dependiendo de la edad, pueden aparecer diferentes síntomas:
- regurgitación o vómito;
- irritabilidad;
- llanto frecuente;
- arqueamiento del tronco o del cuello;
- rechazo del alimento;
- interrupción frecuente de las tomas;
- tos durante o después de comer;
- atragantamientos o arcadas;
- dificultad para deglutir;
- alimentación prolongada;
- despertares frecuentes;
- sueño fragmentado;
- despertar llorando;
- ronquera;
- cambios en la voz o el llanto;
- carraspeo;
- succión o chupeteo frecuente;
- deseo de comer repetidamente en algunos niños;
- pobre ganancia de peso.
El arqueamiento intenso relacionado con las comidas puede presentarse en algunos pacientes con reflujo y, cuando adquiere determinadas características posturales, puede formar parte del llamado síndrome de Sandifer.
6. Reflujo y síntomas respiratorios
Existe una relación compleja entre el aparato digestivo y el aparato respiratorio.
En algunos pacientes, el reflujo puede asociarse con síntomas de vía aérea. Sin embargo, tener tos, sibilancias, ronquera o laringitis no significa automáticamente que el reflujo sea la causa.
Entre los síntomas que pueden motivar una evaluación conjunta se encuentran:
- tos recurrente o crónica;
- tos durante la alimentación;
- episodios de atragantamiento;
- voz ronca;
- carraspeo frecuente;
- laringitis recurrente;
- sibilancias;
- episodios repetidos de obstrucción bronquial;
- neumonías recurrentes;
- sospecha de aspiración;
- respiración ruidosa.
En estos casos es particularmente importante diferenciar reflujo de aspiración orofaríngea, alteraciones de la deglución, asma, infecciones recurrentes, anomalías de la vía aérea y otras enfermedades.
7. ¿Por qué se produce el reflujo?
No existe una única causa. Entre los factores que pueden contribuir se encuentran:
- inmadurez del aparato digestivo;
- alimentación líquida y volúmenes elevados para el tamaño del estómago;
- relajaciones transitorias del esfínter esofágico inferior;
- hernia hiatal;
- alteraciones neurológicas;
- prematuridad;
- alteraciones de la motilidad o del vaciamiento gástrico;
- obesidad en niños mayores y adolescentes.
8. Alergia a las proteínas de la leche de vaca
La alergia a las proteínas de la leche de vaca puede producir síntomas muy parecidos a los del reflujo gastroesofágico y, en algunos niños, ambas condiciones pueden coexistir.
Puede manifestarse con:
- irritabilidad;
- vómito;
- regurgitación;
- rechazo del alimento;
- llanto;
- distensión abdominal;
- diarrea;
- estreñimiento;
- sangre o moco en las evacuaciones;
- dermatitis;
- mala ganancia de peso.
Por esta razón, cuando un lactante tiene síntomas importantes de reflujo, es fundamental considerar la posibilidad de alergia alimentaria.
Es más preciso considerarla un diagnóstico diferencial y un posible factor asociado importante, y no asumir que sea la causa principal de todos los casos de ERGE.
9. ¿Por qué es importante identificar la causa antes de tratar?
Porque no todos los pacientes con síntomas similares tienen la misma enfermedad.
Un bebé que llora y arquea la espalda puede presentar reflujo, pero también podría tener:
- alergia alimentaria;
- dificultad para deglutir;
- sobrealimentación;
- alteraciones anatómicas;
- cólico;
- infección;
- enfermedad neurológica;
- problemas de vía aérea;
- trastornos de motilidad digestiva.
Antes de iniciar tratamientos prolongados es importante realizar una evaluación cuidadosa y dirigida a confirmar el diagnóstico.
El objetivo no debe ser únicamente “quitar el ácido”, sino entender qué está causando los síntomas.
10. Papel del neumólogo pediatra
El neumólogo pediatra puede tener un papel importante cuando predominan los síntomas respiratorios.
Puede valorar:
- tos crónica;
- sibilancias recurrentes;
- episodios frecuentes de broncoespasmo;
- neumonías recurrentes;
- sospecha de aspiración;
- alteraciones de la vía aérea;
- ronquera o estridor;
- trastornos respiratorios durante el sueño;
- enfermedad pulmonar crónica.
Su función es determinar si realmente existe una enfermedad respiratoria primaria o si algunos síntomas podrían estar relacionados con aspiración, alteraciones de la deglución o reflujo.
En pacientes seleccionados puede ser necesario realizar estudios respiratorios, estudios de deglución o broncoscopia.
11. Importancia del gastroenterólogo pediatra
El gastroenterólogo pediatra es fundamental cuando los síntomas son persistentes, graves, poco habituales o cuando existe duda diagnóstica.
Puede valorar:
- funcionamiento del esófago;
- presencia de esofagitis;
- reflujo ácido y no ácido;
- problemas anatómicos;
- alergia o inflamación esofágica;
- trastornos de motilidad;
- necesidad de estudios especializados.
En muchos pacientes con síntomas respiratorios complejos, la mejor atención se consigue mediante la colaboración entre pediatra, gastroenterólogo pediatra, neumólogo pediatra, alergólogo, especialista en nutrición y profesionales de deglución.
12. ¿Qué estudios pueden realizarse?
No todos los niños necesitan estudios.
La historia clínica y la exploración física son el primer paso. Los estudios se seleccionan según los síntomas.
13. pH-metría esofágica
Mide durante varias horas cuánto tiempo existe ácido dentro del esófago.
Puede ayudar a:
- identificar episodios de reflujo ácido;
- relacionarlos temporalmente con síntomas;
- evaluar determinadas situaciones en las que existe duda diagnóstica.
14. pH-impedanciometría esofágica
Combina medición del pH con impedancia.
Tiene la ventaja de detectar:
- reflujo ácido;
- reflujo débilmente ácido;
- reflujo no ácido;
- movimiento de líquido o gas dentro del esófago.
También permite analizar si episodios de tos, molestias u otros síntomas coinciden temporalmente con episodios de reflujo.
15. Endoscopia digestiva alta
Permite observar directamente:
- esófago;
- estómago;
- duodeno.
Durante el estudio pueden obtenerse biopsias.
Es especialmente útil para buscar:
- esofagitis;
- lesiones de la mucosa;
- esofagitis eosinofílica;
- otras enfermedades que pueden simular ERGE.
16. Serie esófago-gastroduodenal con contraste
No es la mejor prueba para diagnosticar por sí sola el reflujo.
Su principal utilidad es buscar alteraciones anatómicas, como:
- malrotación intestinal;
- estenosis;
- hernia hiatal;
- alteraciones del esófago o del estómago.
17. Estudio de deglución
Cuando existe tos, atragantamiento, cambio de coloración o síntomas respiratorios durante la alimentación puede realizarse un estudio específico de la deglución.
El objetivo es investigar si alimento o líquido está entrando hacia la vía respiratoria.
Puede realizarse mediante:
- videofluoroscopia de la deglución;
- evaluación endoscópica de la deglución en pacientes seleccionados.
18. Estudios de vaciamiento gástrico
Se reservan para determinados pacientes cuando se sospecha que el estómago tarda demasiado en vaciarse.
19. Broncoscopia
No es una prueba rutinaria para diagnosticar ERGE.
El neumólogo pediatra puede indicarla cuando existe sospecha de:
- anomalía de la vía aérea;
- aspiración;
- cuerpo extraño;
- infección recurrente;
- enfermedad bronquial persistente;
- malformación.
20. El diagnóstico debe ser cuidadoso
Síntomas como:
- llanto;
- irritabilidad;
- trastornos del sueño;
- arqueamiento;
- tos;
- congestión;
- ronquera,
pueden aparecer en niños con reflujo, pero también en muchos niños sin ERGE.
Por ello, no es recomendable utilizar un solo síntoma como prueba diagnóstica ni iniciar tratamientos prolongados únicamente porque el bebé sea irritable o duerma mal.
21. Antes de definir el tratamiento hay que responder tres preguntas
Primera: ¿realmente existe enfermedad por reflujo gastroesofágico?
Segunda: ¿cuál es la causa o el problema que está favoreciendo los síntomas?
Tercera: ¿existe alguna complicación digestiva, nutricional o respiratoria?
Solo después de responder estas preguntas puede establecerse un tratamiento racional.
22. El tratamiento debe dirigirse a la causa
El manejo puede ser diferente si el problema principal es:
- sobrealimentación;
- alergia a proteínas de leche de vaca;
- alteración de la deglución;
- trastorno de motilidad;
- hernia hiatal;
- obesidad;
- enfermedad neurológica;
- verdadera ERGE con esofagitis.
Por esta razón, el mismo medicamento no es apropiado para todos los pacientes.
Los tratamientos que disminuyen la producción de ácido tienen indicaciones específicas y no deben utilizarse automáticamente en todos los bebés con llanto, tos o regurgitación.
23. Señales de alarma
Debe solicitarse valoración médica si un bebé o niño presenta:
- mala ganancia de peso;
- pérdida de peso;
- rechazo persistente del alimento;
- dificultad para tragar;
- atragantamientos frecuentes;
- dificultad para respirar;
- vómito con sangre;
- evacuaciones con sangre;
- vómito verde;
- vómito persistentemente proyectivo;
- deshidratación;
- neumonías repetidas;
- coloración azulada durante la alimentación;
- somnolencia o deterioro importante del estado general.
24. Mensaje para las familias
El reflujo gastroesofágico es muy frecuente durante los primeros meses de vida y muchas veces es fisiológico.
Cuando existen síntomas persistentes, alteraciones respiratorias, dificultad para alimentarse o problemas de crecimiento, es necesario determinar si realmente existe enfermedad por reflujo y buscar su causa.
Es importante recordar que un bebé puede presentar reflujo sin vomitar o regurgitar de manera visible, pero también que el llanto, la irritabilidad, el arqueamiento, la tos o el sueño fragmentado no son exclusivos del reflujo.
La evaluación cuidadosa por el pediatra y, cuando es necesario, la colaboración del gastroenterólogo pediatra y del neumólogo pediatra permiten seleccionar los estudios adecuados y establecer un tratamiento dirigido a la causa, evitando tratamientos innecesarios.
25. Aviso importante
Esta información es educativa y no sustituye una valoración médica individual.
El diagnóstico y el tratamiento deben ser definidos por profesionales de la salud según la edad, los síntomas y la causa.
Responsable editorial: Dr. Mario Soto Ramos · Neumólogo Pediatra
Miembro del Colegio Mexicano de Neumólogos Pediatras, A.C.
Para la elaboración de este material se utilizaron herramientas de inteligencia artificial como apoyo para la redacción y la creación de imágenes. El contenido es de carácter académico y se revisa periódicamente.
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